La conocí hace más de una década y ….. me enamoré. Lo nuestro, al menos por mi parte, fue un amor a primera vista. A ella también le gusté yo, lo sé. Pero por aquel entonces nuestro amor era imposible, nos separaban muchos kilómetros y también de alguna manera el idioma. Durante años pensé en ella, muchas, muchas veces. Pensaba que algún nos volveríamos a encontrar y entonces ya nada nos separaría.
Y como sucede en las historias de amor, como si de un relato de Corín Tellado se tratara…. así sucedió, un amigo/amante nos volvió a poner en contacto. ¡Albricias! Nos volvíamos a ver y esta vez … para siempre. No me cansaba de mirarla. Descubrir cada parte de ella era un deleite tanto verla al sol del amanecer como deslumbrante con el sol del mediodía y que decir bañada de oro con el ocaso. Cubierta con sus mejores galas de verde en primavera y verano o humilde y sencilla en los ocres y marrones del otoño y qué decir cuando estaba blanca con el manto de la nieve en invierno. Sí, de cualquier manera era magnífica. ¡Espléndida!
Pero como todo cuento tiene su parte negra, el nuestro también lo tenía. Conocí a la familia política: suegra y suegro, cuñados y cuñadas, tíos y tías, primos y primas y como se dice de todo hay en “botica”. Sin embargo durante un tiempo pudo más lo malo que lo bueno, pesó más lo negativo que lo positivo, al mirarla ya no sentía lo mismo que antes, algo pasaba. Y ella lo notaba, sus ojos no brillaban igual, su sonrisa ya no iluminaba como el sol…… me observaba con tristeza, la notaba infeliz.
Pero….. tantos años esperando estar juntos y ahora ¿se iba a perder? No era posible. Y el milagro sucedió cuando un día paseando se me presentó y bajo la forma de Cibeles me dijo: Eh noi! y me guiñó un ojo. Las hojas de los árboles del Paseo del Prado, que un gallardo manolo quiere arrasar, me susurraban: Yo no soy ellos. Cuando pensaba en abandonarla, los gatos castizos en los tejados de Lavapiés me maullaban: ¡maaaaaaaai! De modo que me planté, y la miré y metiendo mis pulgares debajo de mis axilas al tiempo que sacaba pecho la dije : MADRID T’ESTIMO!