Bueno, después de algunos días de espera, no por falta de razones para escribir, sino por falta de tiempo……. ¡Oh! la maldita falta de tiempo, de nuevo me encuentro aquí.
¿La razón? La conclusión de la lectura de la novela de Gustavo Martín Garzo, "Los amores imprudentes". No se trata de analizar el contenido, ni mucho menos, sino única y exclusivamente el título de la misma.
Creo positivamente, que si de algo no se puede prescindir cuando hablamos del amor es de la partícula "in/m" y no precisamente por qué esté de moda.
Ese sentimiento, especialmente cuando tiene que ver con lo que los griegos llamaban eros, merece llevar casi cualquier calificativo que lleve in: imprudente, insensato, imposible, ….. ¿más? ¿O no estáis de acuerdo? Cuantas veces nos hemos dicho: Si hubiera sido más prudente no me habría enamorado de….. por que somos diferentes, pensamos de diferente manera, nuestras metas en la vida no son las mismas, etc, etc, en qué estaría yo pensando, dónde tendría la cabeza, ¡qué poco prudente fui!. O, si hubiera sido más sensato, si hubíera sopesado más los pros y en los contras no habría tomado esta decisión, ¡Qué insensato fuí! ¿O nunca lo hemos pensado? .
Definitivamente, LOS AMORES SON IMPRUDENTES, deben serlo, por qué si hubiera prudencia ¿sería amor? Yo, pienso que no. Cuando el amor araña las fibras de nuestro córazon, si córazon, como si de una canción para quinceañer@s se tratara, desgarra esa cualidad de él, priva a nuestros sentimientos de la capacidad de razonar, de buscar razones, ¿os suena? je je, a ese cómo, cuándo, dónde y por qué sentido, y nos permite disfrutar de esos momentos de follie, de punto de locura que en defiinitva es el AMOR. Sí, a todas luces me hago abanderado de los amores imprudentes y rechazo por completo la prudencia del amor. ¿Y vosotros?